COMER DE TEMPORADA

Algo tan cotidiano como ir a hacer la compra y encontrar en las estanterías del supermercado una variedad increíble de alimentos, no nos sorprende.

Algo tan cotidiano como ir a hacer la compra y encontrar en las estanterías del supermercado una variedad increíble de alimentos, no nos sorprende. Comer fresas en octubre, sandía en noviembre, melón en diciembre y, así, un sinfín de alimentos. Esto, se ha vuelto tan cotidiano que algunos de nosotros hemos ido perdiendo la noción del concepto de temporalidad de los alimentos y, qué decir, de las nuevas generaciones. 

La primera persona que me dió una sacudida y me recordó este hecho, fue mi vecino José. Él se dedica a la agricultura ecológica, hace unos años empezó a distribuir los productos de su cosecha, un día le pedí tomates por estas fechas, se echó las manos a la cabeza y me dijo: “¡los tomates en verano, Iman!”. Estuvimos hablando un rato y me di cuenta de la desconexión tan brutal que, en ese sentido, había experimentado en los últimos tiempos. 

Mercadona, Carrefour, Eroski… ese era el contacto que tenía con la “huerta”. Iba a la compra, llenaba la cesta de lo que me apetecía, sin pensar. 

¿De dónde viene lo que comemos? ¿Cuál es el coste de poder disponer de lo que quiera todo el año? 

La tendencia es a consumir sin razonar, ese es el tipo de comportamiento al que nos ha llevado la globalización. Pensamos en nosotros, en nuestras comodidades, en satisfacer nuestros caprichos porque, a veces, a penas son necesidades.

Desde entonces, fui experimentando un cambio paulatino de mentalidad, reforzado por los conocimientos que he ido adquiriendo a lo largo de la carrera. No es algo inmediato, de hecho, no niego que a día de hoy siga comprando esos productos; pero lo cierto es que, en gran medida, los evito. Merece la pena y, ahora os diré por qué podría ser interesante reflexionar sobre comprar de temporada y “cerca de casa”.

  • Fomentamos la economía y la agricultura local: Para mi este ha sido un aspecto crucial y una de las razones más bonitas. Los alimentos de temporada vienen de cerca y sabes que haciendo esa elección impulsas la economía de tu región. Ayudas a que el pequeño agricultor no desaparezca absorbido por las grandes industrias. 
  • Nutrientes: Los alimentos de temporada se encuentran en su mejor momento. No tienen que ser transportados de lugares muy lejanos y someterse a horas de viaje, refrigeración, etc. que repercuten en una pérdida significativa de nutrientes. 
  • Sabor: Por los mismos motivos que los anteriores, el sabor es algo que también se pierde en el transporte. La razón es que se cosechan antes de madurar, se recogen “verdes”, se transportan en cámaras refrigeradas y completan el proceso de maduración en las tiendas o durante el mismo viaje. Indudablemente, jamás tendrá el mismo sabor una manzana que haya madurado en el árbol que otra que no lo haya hecho. Ni el sabor, ni la textura, ni la jugosidad. Por eso, muchos nos quejamos de que las frutas y verduras casi no saben a “nada”. 
  • Precio: Consumir alimentos que no son de temporada nos sale caro. Tenemos que pagar todos los costes que implica disponer de alimentos que se encuentran en lugares remotos del planeta. ¿Te imaginas una piña que tenga que viajar desde Costa Rica?
  • Coste Medioambiental: El respeto por los ciclos naturales, la rotación de los cultivos basándose en la estacionalidad de los mismos, evita el monocultivo intensivo que erosiona la tierra y la agota. Se fomenta la biodiversidad local y, además, se reduce la contaminación por CO2 resultante del transporte desde largas distancias, el embalaje, etc. 

Podría citar más, pero no lo quiero hacer demasiado extenso y, seguramente, sea un tema que retomaré en futuras entradas.
En este blog, hablo principalmente de alimentación, pero realmente esto es extensible a todos los sectores de la economía y sus tendencias de consumo actuales. 

En lo personal, me llena ir actuando de forma más consciente y pensar que pequeños gestos son importantes por chiquititos que parezcan. ¿Cuál es tu punto de vista?

Por cierto, que no se me olvide nombrar algunos alimentos de otoño, para que los tengas fichados; no me los sé todos, por eso, cuando voy a comprar no faltan las dos preguntas clave ¿De dónde vienen? ¿Son de temporada? y ojalá ecológicos, pero eso será en otro post 😉

Frutas: Aguacate, arándanos, mandarina, limón, caqui, uvas, granada, membrillo, pera, manzana, mango, naranja, pomelo, chirimoya, kiwi…

Verduras: Acelgas, ajo, alcachofa, berenjena, boniato, brócoli, calabaza, coliflor, judía verde, zanahoria, nabo…

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PARADOJA 

A pesar de que hoy en día disponemos de gran variedad de alimentos llegados desde cualquier rincón del mundo, nuestra alimentación se ha ido haciendo menos variada. Esto se explica porque acabamos comiendo sólo las cosas que nos gustan, ya que están disponibles en cualquier época del año.
Sin embargo, si nos basáramos en los productos de temporada, el ciclo estacional nos beneficiaría con una mayor variedad de alimentos, nutrientes adaptados a las características de cada estación y, en consecuencia, de una dieta complet
a.

Antes de despedirme, te propongo un plato en tonos otoñales, fácil, rápido y sano ¿Qué tal si probamos a ser un poco creativos y variar con los alimentos que nos ofrece esta época del año?

“Macarrones con calabaza y brócoli salteados con ajitos ¿y un poquito de queso curado de oveja por encima? ¡Sí!”

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Plantilla Amelie

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