Generación Chaw

Pertenecen la generación de los ‘milennials’ y comparten con ella muchas de sus características, pero si hay algo que define a estos chavales son sus valores: su espíritu de lucha, de esfuerzo, su capacidad de resiliencia y de echarle horas al día para alcanzar su sueño empresarial.

De izquierda a derecha, Carlos Amorós, Diego Díez, Antonio Martínez y Carlos Hernández

Comparten amistad, ilusiones, estilo de vida y una gran pasión por viajar, eso sí, de mochileros. Una filosofía de estar en el mundo que un día quisieron plasmar en una marca de ropa propia, un proyecto que nació casi por casualidad de la mano de cuatro amigos ilicitanos y que hoy ha conseguido hacerse un hueco en un sector casi vetado para novatos y marcado por la fuerte competencia, el de la moda.

Fotos cedidas por @Chaw

Chaw, que comenzó hace un año y medio vendiendo camisetas por internet a familiares, amigos y conocidos, cuenta actualmente con pedidos on-line desde todos los rincones del país, incluso del extranjero (Portugal y Francia), y su ropa ha comenzado a comercializarse en varios puntos de venta físicos de Elche (Trócola) y Alicante y(Old Garage).  

Su marca tiene una historia detrás y quienes la compran no solo aprecian la calidad y diseño exclusivo de sus prendas, sino también una filosofía de vida que tiene que ver con el medio ambiente, el deporte, la música, los viajes y, en general, la cultura. La aventura empresarial de los componentes de Chaw se remonta a enero del 2017. Unos años antes, buscaban un nombre para su grupo de whatsap y Carlos Amorós, quien entonces estaba indagando sobre las diferentes razas de perro, vio ciertas similitudes entre el carácter de los Chow Chow y la personalidad más o menos común a todos ellos.

“Estos perros son testarudos y cuando algo les interesa, van a por ello, el resto les parecen cosas banales: no va a ver lo que no le interesa, ni escucha cuando no quiere, solo se centra en lo que le gusta y va a por ello a tope. Nosotros cuando algo nos interesa, vamos todos a una”, explica con una sonrisa.

Así que lo que surgió como una broma acabó bautizando el grupo, del que forman parte una decena de jóvenes, pero solo cuatro de ellos decidieron dar el paso de poner en marcha un negocio propio, una marca de camisetas. Ese fue el origen de Chaw, el nombre elegido finalmente “porque no podíamos utilizar el de la raza, así que pensamos en Chaw, nos gustaba la fonética, la abreviatura Cw para usarla en los diseños y enseguida creamos el logo”.

Antonio Martínez, Diego Díez, Carlos Hernández y Carlos Amorós tuvieron esa primera idea en abril del 2015 y “empezamos poco a poco a diseñar el proyecto y durante un año y medio nos dedicamos a crear empresa, crear la marca, buscar proveedores y una cosa que teníamos clara es que queríamos que fuera un producto nacional para poder controlarlo nosotros”, comentan aún con incredulidad por cómo ha ido creciendo. “Empezamos a enseñar lo que íbamos haciendo a la familia y amigos y les gustaba, así que al final te motivas y vas haciendo camino y ahora mismo vamos liadísimos”, agregan. Las reuniones a deshoras entre semana y los sábados y domingos son la tónica habitual en esta empresa, relatan los jóvenes, quienes tienen su propia actividad profesional al margen de Chaw.  Entre ellos hay un profesor, un farmaceútico, un arquitecto y un empresario de calzado.

Fotos cedidas por @Chaw

En este equipo de emprendedores todo se pone en común, no tienen sede propia y se reúnen en sus casas delante del ordenador para ir perfilando todas las colecciones y repartirse las funciones que requiere el proyecto empresarial. No han estudiado ni diseño ni marketing ni fotografía, ni siquiera tenían idea de cómo funcionaba el mundo de la confección y la moda. “Ha sido todo desde cero, hemos cometido mil errores y hemos ido aprendiendo”, dicen orgullosos.

Chaw es el reflejo de una filosofía de vida, marcada por los viajes que este grupo de chavales organiza cada vez que tiene oportunidad. De ellos han salido muchas ideas que han trasladado a su empresa. “Viajamos con los amigos, porque nos encanta y pensamos que podríamos traernos telas de los diferentes sitios que visitamos, por ejemplo, hemos estado en Indonesia, Vietnam, Ruanda, Malasia y USA y nos traemos retales con los que hacemos los bolsillos de las camisetas para ediciones limitadas”.

Fotos cedidas por @Chaw

También el deporte es clave en sus vidas y hace muy poco decidieron probar con uno acuático, el surf, de forma que los motivos que están relacionados con él, como las olas o las tablas, ya aparecen estampados en buena parte de las camisetas de Chaw. “Es un aprendizaje que va en paralelo, tanto de la marca como del surf, algo que estas descubriendo tú mismo y transmites a la gente esta experiencia de ocio y negocio. Siempre en las campañas de fotografías y redes sociales lanzamos mensajes motivacionales para la gente”.

Se emocionan cada vez que ven a alguien con su ropa por la calle o cuando salen y entran en un bar. “Al principio los pedidos provenían todos de gente que conocíamos y cuando empezaron a llegar de desconocidos incluso dudábamos de si teníamos alguna vinculación ”,  aseguran entre risas. Para ellos la calidad de las telas es una prioridad, apostaron por este tipo de producto para diferenciarse y, sobre todo cuando acuden a mercados de diseño los clientes aprecian el género , tal y como han podido comprobar en estos espacios de venta, entre los que se incluyen los festivales de música.

La producción ha ido en aumento, aunque Chaw prefiere ofrecer productos casi únicos, ediciones limitadas, de manera que de cada modelo de camiseta se pueden producir un máximo de entre 40 a 60 unidades. El logotipo con la cara del perro, las letras Cw, un bolsillo con una tela estampada y las dos rayas en una de las mangas de la camiseta son los distintivos que utiliza esta marca, que ya se ha atrevido también con sudaderas, gorros de lana, mochilas, vestidos y gorras, estas últimas hechas a mano con retales de piel. Para estos jóvenes empresarios los precios están en consonancia con las características de la ropa, sus camisetas se comercializan por 30 euros. De momento, todos los artículos han tenido salida en el mercado e incluso han tenido que reponer colecciones, un éxito que está llevando a Chaw a pensar en expandirse a través de puntos de venta en las grandes ciudades de todo el país.

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