Modesta Salazar: “Hoy las mujeres no tenemos que darle las gracias a Dios, sino al movimiento feminista”

Nosotras y + se subió al escenario junto a siete mujeres que expusieron a un público, mayoritariamente femenino, su experiencia y visión sobre la mujer. Un evento organizado por Cruz Peral de Neo Empleo y Laura Alonso de Alaurya Eventos y que, promovidas por esa necesidad de dar valor a la mujer, han querido regalar una experiencia para empoderar a las mujeres.

Cruz Peral dirigió a estas siete mujeres, conversando con ellas, sacándoles su esencia y regalándosela al público que quedó agradecido y motivado tras escuchar a las siete ponentes que subieron al escenario. “Es una idea que siempre ha rondado mi cabeza: crear un evento en el que reunir talento femenino y mostrarlo al resto”, comenta Laura ilusionada con el resultado.

Mujeres de muy distinta índole compartieron escenario, desde Maria  Dolores Medina, la primera mujer peón de recogida de basura hasta Esperanza Pertusa, directora y socia de la empresa Gioseppo.

Ser la primera en un mundo de hombres

M. Dolores Medina contaba con naturalidad cómo, queriendo salir de la economía sumergida de Elche, buscó alternativas para poder cotizar y asegurarse su vejez. Se encontró por el camino la posibilidad de trabajar como peona en una empresa de recogida (actualmente Urbaser)  hizo todo lo posible por acceder. Fue de las primeras, cuando todavía para entrar al baño gritaban que estaba ella porque tenía que compartirlo con sus compañeros.

Medina cuenta que no sufrió discriminación, pero que al principio nadie quería tener a su lado a una mujer, y sin embargo ha conseguido ocupar un lugar muy especial tanto en la empresa como en el corazón de sus compañeros, con quienes comparte que: “somos como una familia tras tantos años juntos”.

La estigmatización de las aparadoras

Inma Lara dice que le pusieron un traje demasiado grande al anunciarla como representante de las aparadoras, pero que era un orgullo poder honrar a su madre, dijo visiblemente emocionada. Lara contó como una vez, tras escribir un reportaje sobre la vida de su madre como aparadora se hizo viral, como la llamaron de una gran cadena de televisión para sacar a la luz la economía sumergida de Elche y su madre se negó, que tuvo miedo.

Las aparadoras son un colectivo precario, estigmatizado y fuertemente castigado. Algo que ha hecho que ese oficio vaya en decadencia y no se encuentren profesionales altamente cualificadas, “¿Quién quiere trabajar por una miseria?”, preguntaba al público Lara. También defendió el que se tomaran medidas en las empresas para la conciliación, las mujeres son madres y se necesita trabajar para ayudar en la economía de casa pero no ha cambio de todo lo que ha sufrido este colectivo que muchas se ha quedado sin nada. Una profesión altamente femenina pues al llevarse a los hogares hizo más fácil la conciliación de las mujeres y el trabajo, pero con muy graves consecuencias.

Ser pilota

Lourdes Carmona, pilota de líneas aéreas contó a las asistentes cómo deseaba practicar artes marciales y como su madre la arrastró a ballet porque era lo que la sociedad quería para una niña, no fue ni una cosa ni la otra, pero siente que ahora está en un momento que pude decidir, como decidió ser pilota de aviación en aquel viaje donde una aparición mariana (símil que hizo cuando vio por primera vez a una mujer que pilotaba un avión) tuvo la certeza de lo que quería ser.

Ella habló cómo desde niñas nos conducen, nos dicen qué es bueno para las mujeres y qué no lo es. Que las mujeres somos muy muy capaces de todo y que con esfuerzo y tesón podemos conseguir lo que nos propongamos. Contó su historia, la de su familia originaria de la Sierra de Cazorla, y emocionó a todos los asistentes.

Por un cuarto de Avecrem

Y quien hizo llorar al público imaginando un cuarto de Avecrem fue Fini Coll, vicepresidenta de la ONG KASUMAI. Una organización que desde hace años viene ayudando a un pueblo africano y que busca personas y empresas para poder enviarles aquello que necesita esta comunidad. Nos contó, con lágrimas en los ojos, cómo aquel pueblo compraba pequeñas dosis de avecrem, que no tenía otra cosa que arroz para comer y que sin embargo era un pueblo con una fuerza matriarcal enorme, donde las mujeres lideraban y cuidaban de su familia. Nos mostró las diferencias de nuestro mundo con el africano, nos conmovió con ellas y nos invitó a colaborar con ellos para conseguir un mundo más justo y humano.

La siguiente mesa de debate estuvo compuesta por Nieves Gil, directora de El Fogón Ilicitano, Esperanza Pertusa, directora y socia de Gioseppo  y Modesta Salazar, Jefa de la Unión de violencia sobre la mujer.

“En la vida tenemos que tener un proyecto”

La primera en hablar fue Esperanza, quien animó a las personas a tener un proyecto de vida y a pensar en cómo desarrollarlo. En la importancia de educar a nuestros hijos con esos valores para que puedan ser emprendedores  y conseguir lo que se propongan. Contó su experiencia de vida y como ha ido consiguiendo esos objetivos que se propuso, unos a la primera y otros después de errar en alguna ocasión.

“Las mujeres tenemos que ser feministas”

Nieves habló de cómo siendo la mayor de siete hermanos, de su educación en una sociedad patriarcal, en su formación como empresaria también en una sociedad totalmente machista se hizo paso y pudo mostrar su liderazgo en la empresa y desarrollarse como una gran profesional. “Siento que hay que cambiar muchas cosas en esta sociedad, sobre todo la posición de la mujer. Tenemos un gran problema con la maternidad, la natalidad está descendiendo porque la mujer se han incorporado más al trabajo pero la conciliación es necesaria y medidas para ello todavía más”

El clítoris

La ovación se la llevaron todas las mujeres pero fue Modesta Salazar quien hacía alzarse al público con su discurso fuertemente feminista. Habló abiertamente del clítoris, de cómo nos lo han invisibilizado porque da placer a las mujeres hasta como existe la mutilación femenina por ello. De la necesidad de empoderamiento femenino para combatir las violencias machistas y conseguir la igualdad.

Contó como ella eligió en su juventud la máquina de escribir frente a las máquinas propias del calzado, y como tuvo tan claro lo que quería frente a la oposición de su familia que la incitaba a “quedarse en casa y formar una familia”. Así con aguas en contra, fue cómo consiguió ser la primera en su promoción el año que se graduó como enfermera.

Salazar animó a las presentes a seguir en la lucha, que todavía tenemos mucho camino por recorrer las mujeres, que hemos avanzado muy poco en esta sociedad y que si hoy tenemos cambios sustanciales no se lo debemos a Dios, se lo debemos al Movimiento Feminista.

Una gran tarde que terminó frente a un catering donde todos los asistentes daban su agradecimiento por las ponencias y compartían sus experiencias y su sentir con el resto de asistentes. Empoderar, dar visibilidad a la mujer y encontrar referentes en las mujeres que tenemos cerca es un deber de todas.

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