“Tener éxito profesional no significa renunciar a nada si tienes el entorno adecuado, si no, no es posible”

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La directora con una de las niñas de la Fundación en la zona de recreo del centro

La sociedad no está preparada, en muchos trabajos no se concilia
Las veinticuatro horas del día se quedan cortas para cumplir con la agenda de Jéssica Piñero (Elche, 1979), una superheroína de nuestros días que como tantas otras mujeres se dejan cada día la piel para alcanzar su meta personal y profesional. A todas ellas hemos querido rendirles un homenaje con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Mujer, madre de mellizas, doctora en Psicología, directora de la Fundación Salud Infantil, profesora de la Universidad de Murcia e investigadora. En la actualidad, compagina toda esta actividad con un máster y otros proyectos en los que se ve implicada, en parte por su carácter, ya que según ella misma reconoce, no sabe decir que ‘no’. Asegura que sus padres y su marido, así como el equipo de profesionales que le rodea son los pilares que han hecho posible que pueda conciliar su vida laboral con la familiar. Su espíritu de lucha y superación en ambas facetas de su vida son el fiel reflejo de la educación recibida de su madre y su padre, basada “en el apoyo, el afecto y la confianza”, según ella misma confiesa. La atención temprana a niños prematuros es su especialidad, que comenzó ejerciendo en el ámbito clínico de la mano del pediatra Fernando Vargas, presidente de la Fundación, y en el docente junto al profesor de la Universidad de Murcia Julio López Pérez, y por la que ha recibido ya varios premios de investigación y publicado tres libros.

Ser mujer y joven implica que debes demostrar que lo que estás haciendo funciona

-¿Cómo es su día a día?

-Mi carrera profesional siempre ha estado dedicada a la atención temprana, a la atención con familias, a la población de riesgo y discapacidad. Como directora de la Fundación Salud Infantil, coordino a 26 profesionales y en el centro atendemos a 300 familias. Además, llevo la responsabilidad del aspecto económico, técnico, laboral y sobre todo el humano, que es mi campo más afín y en el que más cómoda me siento. Al margen, tengo otro trabajo, soy profesora asociada de la Universidad de Murcia, donde está mi equipo de investigación. Por decirlo de alguna forma, son los trabajos que me generan fuentes de ingresos.

-¿Cuáles son sus otras actividades?

-Paralelamente a lo que es mi actividad profesional estoy haciendo un máster de Dirección y Administración de Empresas y en abril empiezo el Máster en Psicólogo General Sanitario. Pienso que cuando estás haciendo un trabajo debes dar lo mejor de ti, así que tienes que aprender para ofrecer a la persona que está confiando en ti todo aquello que espera.

La responsable junto al cartel de la Fundación

Para mi era un reto asumir la dirección de la Fundación y tenía que estar a la altura. No podía fallar y lo que hice fue hacer un máster para poder aprender de cuestiones financieras y económicas y lo estoy terminando. He aprendido mucho, lo he hecho por la Universidad Internacional de Valencia. Por mi forma de ser, el coordinador del máster me ofreció implicarme en un proyecto, porque me gusta embarcarme. Hay una parte de investigación que me gusta y aunque esa parte la llevo más lenta, porque evidentemente no puedo restarle tiempo ni a la dirección ni a la docencia ni a mi familia, ni mucho menos a mi vida personal, pero es verdad que nunca la he dejado y este año la he vuelto a retomar.

-¿Es posible conciliar la vida laboral con la familiar?

La directora con algunas de las terapias que utiliza con niños.

-Según mi experiencia personal, sí. Para conciliar necesitas tres cosas. En primer lugar, tener una familia que crea en lo que haces y te permita conciliar. Por suerte, mi marido es una persona muy activa en su trabajo, por tanto me entiende y tenemos nuestras tareas muy complementadas. En segundo lugar, tener a tu cargo un equipo profesional cualificado y competente. Es fundamental. Si te digo que estoy todas las tardes en el parque con mis hijas, dices: ¿cómo es posible?. Pues lo hago y, entre otras cuestiones, porque tengo un equipo muy coordinado. Una de mis virtudes, aunque tendré mis defectos, es que soy muy organizada. Eso me ha ayudado a poder delegar y siempre superviso. Y el tercer pilar, es que tus superiores, en este caso, el patronato, mis jefes, me permitan conciliar.

Jéssica prepara una de las salas de tratamiento del centro

-Pero es cierto que muchas mujeres deben renunciar a sus aspiraciones profesionales precisamente porque no pueden conciliar.

-Lo que tiene ser mujer y joven es que tú tienes que demostrar que lo que estás haciendo funciona para que entonces empieces a recibir. Yo estoy acostumbrada a que lo que tengo nadie me lo ha dado, me lo he trabajado yo con un equipo. La vida te enseña a organizarte si quieres llegar a algo. Tener éxito profesional no tiene por qué significar renunciar a nada, eso sí siempre y cuando tengas el entorno adecuado, si no, no es posible. Es verdad que la sociedad no está preparada, partes de la base de que muchos trabajos no están preparados para conciliar.

Jéssica vive cada día con entusiasmo su trabajo, tanto en la faceta directiva como clínica

-Ha señalado que en buena parte el secreto de su éxito se debe a su familia. ¿Cómo lo tuvieron sus padres para atender a tres hijos?, ¿trabajaban?

-El secreto de mi éxito es mi familia, mi madre, mi padre, mis hermanos, mis tíos y primos, además de mis suegros. Mi tesis doctoral está dedicada a mis abuelos, de un pueblo de Murcia. Mi madre ha trabajado toda la vida en la envasa. De pequeña recuerdo que sacaba de debajo de la mesa un barreño con agua para secarse el sudor, y yo decía que no quería eso para mi, ni ella tampoco lo hubiera querido. Mi padre empezó a trabajar con tres años, para poder mantenernos trabajaba de día en una fábrica y de noche, en otra. Cuando le llevé el primer libro se emocionó porque tiene dificultades para leer y escribir por esas circunstancias. Me lo han facilitado mucho y lo que he tenido me lo he tenido que trabajar.

-¿De qué forma interfiere la maternidad al desarrollo profesional?

-Para mi no fue fácil quedarme embarazada y tuve que luchar mucho para conseguirlo y eso emocionalmente también te llega. Afortunadamente tengo un grupo de amigos y también mi familia, que somos muy piña, que te ayudan a superar momentos en los que entras en crisis. Tanto ese momento, como el parto que fue complicado y el primer año para Marco y para mi también fue complicado, así que tú no puedes dedicar esos dos o tres años a tu carrera profesional porque estaba ejerciendo de madre, que era lo que yo necesitaba y quería.

-Precisamente ser madre y, además, de niñas prematuras supongo que contribuye a que la empatía con las familias que acuden a la Fundación en busca de ayuda para sus hijos es mayor.

-Yo tuve dificultades para quedarme embarazada. Eso te sensibiliza, porque te hace ver un poco lo que son los sentimientos de pérdida, es decir, de querer algo y no poder conseguirlo. Fueron muchos procesos y al final llegó, entonces me detectan colestasis hepática y me ingresan y eso supuso también dolor porque yo estaba muy preocupada por mis hijas mellizas, porque había riesgo para una de ellas. Sufrí mucho y tengo que decir que Fernando Vargas me ayudó en esos momentos. Me hicieron una cesárea, pero una de ellas nació con un kilo y medio de peso. Tuvieron que ingresarlas en la UCI porque tuvieron problemas y yo bajé a las 48 horas para poder verlas. Es durísimo no reconocer a tus hijas entre los bebés, porque no pude llegar a estar con ellas tras el nacimiento. Estuvieron ingresadas 21 días y yo iba y me sentaba como madre, así que a los tres meses me propusieron dar una charla sobre el estrés parental en la UCI neonatal y, pese a pensar que no estaba preparada emocionalmente, la di y al acabar expliqué todos los problemas con los que me había topado sobre las normas de los hospitales en este servicio. Yo me quedé muy tocada y lo he superado ahora. Así que cuando alguien viene y se derrumba no dejas de empatizar porque sé lo que es que un hijo esté en la incubadora, que no coma, que le vayan a pinchar y no te dejen estar y oírle chillar. No quieres decir que seas mejor profesional, pero sí que eres capaz de empatizar enseguida.

 

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